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“El cáncer es un diagnóstico, no define tu identidad”

Euge Corvalan es facilitadora de Yoga Oncológico. Ha tenido tres diagnósticos de cáncer a lo largo de su vida. En este post comparte su historia y reflexiona sobre la “carga social” asociada a esta enfermedad.

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Cuando hablamos de cáncer, no hablamos solo de un diagnóstico médico. Hablamos también de todo lo simbólico que esa palabra arrastra: miedos, frases hechas, recuerdos familiares, historias ajenas. Muchas veces, esa carga social pesa incluso más que el proceso biológico en sí.

A veces la palabra cáncer —solo la palabra— despierta más temor que el diagnóstico real. Está asociada culturalmente a ideas como “es el final” o “hay que luchar”. Frases que circulan sin mala 

intención, pero que impactan con fuerza cuando alguien recibe un diagnóstico de este tipo.

Utilizar el término cáncer como sinónimo de algo “malo”, ya sea en la política, en los vínculos o en el lenguaje cotidiano, tiene consecuencias. Estas expresiones forman parte de creencias colectivas que se activan automáticamente cuando alguien enferma y que, a veces, pesan más que la información médica concreta.

Pongamos en el centro a la persona, escuchemos de verdad y preguntémonos qué está necesitando realmente.

Mi historia

En mi vida, la palabra cáncer apareció de una forma muy particular. Tres veces la escuché como un diagnóstico certero sobre mi salud… Y otras tantas, como una posibilidad latente, como algo que podía volver.

La primera vez fue cuando tenía seis años. Después de deambular por muchos hospitales, encontraron un posible tratamiento  para mi tumor. Los médicos me explicaron el procedimiento, pero lo único que realmente registré fue que la cirugía sería el día de mi cumpleaños número siete. Eso me enojó muchísimo. Porque era una niña, y como toda niña yo quería jugar y estar con mis amigos. 

Mi cuerpo necesitaba atención médica, pero de alguna manera mi infancia se vio interrumpida y una palabra empezó a ocupar un lugar demasiado grande. La escuchaba repetidamente junto con otras palabras cargadas de drama: cáncer. Tenía 6 años y creo que no estaba preparada para lidiar con eso. 

A mis diecisiete años me diagnosticaron metástasis pulmonar. Era verano, había terminado el colegio y ver a mis amigos formaba parte de mi rutina diaria. La noticia se difundió rápido en mi entorno. Recuerdo decirle a una amiga, medio en broma y medio en serio, que podía notar quién conocía mi diagnóstico por la forma en que me saludaban.

Tiempo después, a mis veintitrés años, llegó el de tiroides. En medio de mi vida universitaria, ese fantasma volvía a estar en mi camino. Otra vez la carga, la mirada ajena y la incertidumbre. Pero esa vez algo era distinto: había tenido tiempo de empezar a comprender al cáncer como diagnóstico y no como identidad, y eso aligeró el peso.

Hoy, a mis cuarenta y un años, cada vez que realizo un control o atravieso algún desafío post cáncer, entiendo con más claridad que no me define. Es parte de mi historia clínica y también de mi historia de vida. Incluso, gracias a trabajarlo mucho en el plano emocional y mental, puedo entender que no todas las personas atraviesan lo mismo ni lo viven de igual manera.

Y aquí aparece algo importante sobre lo que me gustaría reflexionar: nuestra postura como personas que atravesamos esta enfermedad. A veces esperamos que quienes no están en este proceso nos comprendan de inmediato, casi por intuición. Pero no siempre es así, ni ellas pueden hacerlo. 

Por ese motivo creo que puede ayudar compartir cómo nos sentimos. Proponer un lenguaje más amable, sin dramatizar ni convertirnos en héroes forzados. Pensar qué necesitamos y decirlo de forma clara a quienes intentan acompañarnos.

Tampoco vamos a romantizar el cáncer. Ni a decir frases como : “la actitud positiva es muy importante”. 

Nadie está preparado para recibir ese diagnóstico. Es un desafío difícil, sí. Pero seguimos siendo personas con un diagnóstico. Personas que aprenden, se adaptan y buscan bienestar dentro de un camino que no eligieron, pero que transitan como pueden, con honestidad.

Humanizar el lenguaje y hablar de lo que realmente nos sucede no cambia un diagnóstico, pero sí puede transformar la manera de vivirlo y acompañarlo.

¿Qué frases creés que podríamos empezar a revisar cuando hablamos de cáncer?

Abrir estas conversaciones también es una forma de acompañar y cuidar.

Euge Corvalán, profesora de yoga especializada en Yoga Oncológico en Argentina

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