La cirugía oncológica es una experiencia profunda que atraviesa no sólo tu cuerpo, sino también impacta en tu mente, en tus emociones y, según la persona y las circunstancias, también en tu identidad.
Es una experiencia que puede vivirse de manera traumática, en un contexto de otros duelos y de situaciones complejas, dentro del largo proceso de un cáncer.
La extirpación de un órgano —como un riñón, los ovarios o el útero— o una mastectomía, con o sin reconstrucción, puede dejar una huella invisible que necesita ser nombrada, reconocida y acompañada.
Con mucho sentido, muchas personas expresan que tras la cirugía, el cuerpo no se siente como antes. Puede aparecer una sensación de vacío, de desconexión o incluso la vivencia del llamado síndrome del órgano fantasma: sensaciones físicas o emocionales vinculadas a una parte del cuerpo que ya no está. Puede costar reconocer y acoger de nuevo esta parte del cuerpo, se puede sentir incluso rechazo…Y no se trata solo de una experiencia corporal, sino también de un proceso emocional que puede incluir duelo, tristeza, confusión, una profunda vulnerabilidad u otras emociones.
Acoger, aceptar y vivir en un cuerpo mutilado o transformado es un camino extremadamente delicado, que a menudo no se cuida ni se atiende lo suficiente y esto dificulta más el proceso. Esta experiencia requiere tiempo, permiso para sentir y un acompañamiento que valide lo vivido. Implica reconstruir el vínculo con un cuerpo que sigue siendo tu hogar, aprender a aceptar, a reconocer, a poder tocar de nuevo y vivir en paz en este nuevo cuerpo.
Para transitar de manera consciente este proceso, los rituales pueden aportar un gran valor simbólico y terapéutico. Un ritual de despedida puede ayudar a preparar, a nombrar, a soltar y a honrar aquello que se va a perder: un órgano, una función, una imagen corporal o una etapa vital.
Un ritual de bienvenida nos puede ayudar a abrir un espacio para acoger a un nuevo cuerpo, a una nueva manera de habitarse, desde la aceptación y sobre todo desde la compasión hacia una misma.
Desde el yoga oncológico se ofrece un acompañamiento extremadamente respetuoso, presente y consciente. A través del movimiento suave y totalmente adaptado, la respiración consciente, la atención plena y el tacto compasivo, se favorece una reconexión paulatina con el cuerpo que llevará su tiempo, una progresiva aceptación del mismo. A la vez que este movimiento impactará de manera positiva en el plano físico.
En el yoga oncológico acompañamos a la persona con un lenguaje delicado basado en el yoga sensible al trauma. Creamos espacios seguros y cuidados donde todo este proceso es validado con respeto y presencia, donde las emociones encuentran un lugar para ser expresadas a través del cuerpo, respetando siempre sus propios tiempos.
Acompañar desde el yoga oncológico es, ante todo, respaldar a la persona en su proceso, reconociendo la herida sin reducirla a ella. Es facilitar que se puedan abrir caminos de reconciliación con el cuerpo y de regreso a una vivencia más amable y consciente de una misma.
Pau Simon i Udina
Profesora de yoga oncológico y yoga terapéutico, psicóloga, facilitadora de respiración consciente terapéutica (Rebirthing) y de círculos de mujeres.
Fotografía: Mario Valverde

