Vivir un proceso oncológico conlleva afrontar situaciones que pueden generar miedo, ansiedad y estrés: pruebas, diagnósticos, consultas, tratamientos… Un aspecto fundamental de la práctica del Yoga Oncológico es que nos ofrece herramientas que podemos poner en práctica en distintas situaciones y que pueden ayudar a regular nuestro sistema nervioso y promover un estado de mayor calma más allá de la esterilla.
En este post compartimos algunos sencillos ejercicios que podemos poner en práctica en distintos momentos del proceso oncológico:
- Enraizar
Si te diriges hacia una consulta médica y sientes un gran nerviosismo, miedo o ansiedad, prueba a caminar poniendo toda tu atención en la planta de tus pies, sintiendo cómo va cambiando el contacto con el suelo desde el talón hasta la punta del pie cuando das un paso y el siguiente. Siente la estabilidad del suelo bajo tus pies.
Cuando estés sentada en la consulta, puedes probar a apoyar bien los pies en el suelo, y sentir nuevamente ese apoyo. También puedes apoyar tus manos en tus muslos o tocar la mesa y sentir ese contacto, o incluso apretar un poco las palmas de tus manos sobre esa superficie.
Estos sencillos ejercicios nos ayudan a favorecer el enraizamiento, la estabilidad y la conexión con el momento presente.
- Poner atención en la respiración
Si tienes que realizarte alguna prueba o tratamiento que requiere inmovilidad absoluta y que puede generarte angustia, claustrofobia o ansiedad, como resonancias magnéticas, PET-TAC o sesiones de radioterapia, puedes practicar el siguiente ejercicio:
Siente el vaivén de tu respiración, prestando atención al flujo natural del aire que entra y sale de ti, sin forzar nada. Al hacerlo, puedes decirte mentalmente: inhalo (cuando entra el aire), exhalo (cuando sale). O contar mentalmente de 4 a 0 durante tu inhalación y de 4 a 0 durante tu exhalación. Si te pierdes, vuelve a empezar. La idea es llevar la atención de tu mente hacia el cuerpo y un ritmo estable. La observación consciente de la respiración puede ayudar a reducir el ritmo cardíaco y el estrés.
Otro ejercicio que puedes realizar si por ejemplo tienes dificultades para dormir, es la respiración de las tres partes. Tumbada sobre la cama puedes colocar tus manos en la zona abdominal y comenzar sintiendo tu respiración en ese lugar, el movimiento que se produce con cada inhalación y con cada exhalación. Siente el contacto de tus manos con tu cuerpo y cómo se mueven al ritmo de tu respiración. Si no sientes movimiento en esa parte, no fuerces. Deja simplemente que las manos descansen en la zona como invitando a tu respiración a ir hacia ahí. Puedes pensar: inhalo, exhalo. Después de unas cuantas respiraciones desplaza las manos hacia las costillas y de nuevo ahí detente a sentir el movimiento de la respiración en esa zona. Por último, coloca las manos en la parte alta del pecho, por debajo de tu cuello.
Este ejercicio puede ayudar a regular el sistema nervioso y favorece el descanso.
Si quieres probar algo más sencillo, también puedes dejar una mano en el pecho, otra en el abdomen y decirte mentalmente: inhalo calma, exhalo y suelto con cada movimiento de la respiración.
- Autoabrazarse
El tacto puede ser un gran aliado para relajar tu cuerpo y tu mente. Puedes frotar tus manos entre sí para generar calor o energía y dejar que descansen en la parte o partes de tu cuerpo que necesites relajar. Si estás muy cargada mentalmente, puede venir bien que las dejes en tu rostro y a partir de ahí hagas un suave automasaje. También puedes llevar cada mano a su hombro contrario, o bajo la axila contraria, o una mano sobre otra en el centro del pecho y quedarte unos minutos respirando en este gesto de autoabrazo y contención.

