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Cómo y por qué el yoga puede ser un recurso sensible y eficiente para transitar de mejor manera el cáncer

Las respuestas las encontramos en “Yoga en tiempos de cáncer”, de Adriana Jarrín, un libro que combina ciencia, conocimiento y práctica.

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Adriana Jarrín es presidenta y fundadora de la Red Internacional de Yoga Oncológico. Es experta en yoga oncológico y profesora de hatha yoga, yoga terapéutico y yoga sensible al trauma. Doctora en Antropología, ha trabajado durante muchos años en programas de cooperación internacional y ayuda humanitaria. A partir de su propia experiencia con el cáncer comenzó a practicar yoga hace más de 20 años. En 2021 creó la formación de Yoga Oncológico en la Fundación Rādika (próxima edición en marzo) y un año después, fundó la Red.

Después de más de una década acompañando a personas con cáncer y formando a profesionales, ha escrito el libro Yoga en tiempos de cáncer, “una invitación a transitar el cáncer desde otro lugar: más humano, más compasivo, más consciente”. Le hemos realizado la siguiente entrevista:

¿Cuál es el objetivo de este libro?

Bueno, el objetivo del libro es explicar de una forma muy amplia cómo y por qué el yoga puede ser un recurso sensible y eficiente para transitar de mejor manera el cáncer. Un proceso oncológico es muy complejo, y además de los tratamientos médicos que están destinados a curar o controlar la enfermedad, las personas requieren de recursos complementarios que les ayuden a cubrir las necesidades físicas y emocionales que en muchos casos la medicina no abarca.

El libro reúne los aspectos fundamentales de la metodología del Yoga Oncológico. ¿Qué ofrece este tipo de práctica a una persona con cáncer?

El enfoque de la metodología se centra en cuatro pilares: creación de un espacio de seguridad, conexión amorosa con el cuerpo, gestión de las emociones y creación de una comunidad de apoyo, te explico:

Hablamos de un espacio de seguridad porque, a diferencia de una clase común de yoga, las sesiones de yoga oncológico están orientadas específicamente a contribuir a la rehabilitación de las limitaciones físicas derivadas de la enfermedad o de los tratamientos y a ofrecer soporte emocional. Las posturas se adaptan para, por ejemplo, favorecer la recuperación de la movilidad, la flexibilidad y el tono de la musculatura. Sólo desde un entorno de seguridad en el que sabes que no te vas a hacer daño, o más daño, es posible reconectar con el cuerpo desde la confianza y el amor. Es importante tener en cuenta que a partir del diagnóstico las personas están expuestas a un trajín constante, sus cuerpos están intervenidos, duelen, molestan, escuecen… es fundamental encontrar un espacio no medicalizado para volver a mirar el cuerpo dolorido y de forma armónica, casi artesanal, a través del tacto y el movimiento consciente generar un espacio de conexión, relajación y rehabilitación.

En el cuerpo también se albergan las emociones, todas las personas enfermas o no cuando estamos estresadas sentimos contractura en las cervicales, presionamos las mandíbulas, nos falta la respiración. Imagínate el estrés que supone el cáncer que además conlleva otras emociones muy fuertes como el miedo, la frustración, la culpa, etc. A través del yoga oncológico es posible conectar con estas emociones, reconocer cómo se manifiestan en nuestro cuerpo y trabajarlas mediante el movimiento consciente y la respiración.

Y si la práctica se realiza en grupo es aún mejor porque se genera un espacio en el que las personas se encuentran con otras que están pasando por similares circunstancias. Es muy difícil comprender la sensación de soledad que se puede sentir durante el cáncer, y no me refiero a si las personas cuentan con familiares que las cuiden, sino a la complicidad, a una especie de código común que despierta este proceso en el que las emociones y sensaciones tienen un tono distinto. Me atrevería a decir que hasta la percepción del tiempo tiene una dimensión distinta en este proceso y encontrarte con personas que, incluso sin necesidad de palabras, te comprenden te libera de esa sensación de soledad.

¿A quién está especialmente dirigido?

El libro está dirigido especialmente a quienes están pasando por la enfermedad y a cuidadoras/es y profesionales del yoga o de la salud que acompañan a personas en este proceso. Aunque, tanto por la información tan diversa que recoge en sus contenidos como por las reflexiones e historias diría que es un libro apto para todos los públicos. El cáncer es un asunto de todos y todas, no sólo de quienes lo padecen. Precisamente, el silencio, oscurantismo o desinformación es lo que ha fomentado que se desarrollen tantos tabúes en torno a la enfermedad.

Además de tus conocimientos profesionales, en el libro compartes tu experiencia personal con el cáncer y lo que para ti supuso tu práctica de yoga en aquel momento. ¿Qué encontraste en esta práctica? ¿por qué decidiste convertirla en un servicio para otras personas en esta situación?

Sí, precisamente cuando estaba en tratamiento por un cáncer de ovario descubrí el yoga. Definitivamente fue el recurso que transformó mi forma de transitar la enfermedad, y en rigor cambió el curso de mi vida. Compartir esta experiencia, así como las experiencias de otras personas a quienes he acompañado creo que es alentador, inspira a mirar la enfermedad desde una perspectiva más amplia en la que, más allá del dolor inevitable, también emergen muchos otros sentimientos, afectos y sentidos de vida que se pueden explorar. A mí el yoga me ayudó a sentirme muchísimo mejor físicamente, pasados los primeros días después de cada quimioterapia iba a practicar y además de reducir el dolor, movilizar las articulaciones etc., el hecho de hacer algo por mí misma para estar mejor, más allá de los tratamientos, fue definitivamente transformador. Es parte de quererse a uno mismo, de consolarse, de decirse ¡aquí estoy para tí!

Yoga en tiempos de cáncer combina ciencia, conocimiento y práctica. En el ámbito científico, participan especialistas internacionales en oncología y salud integrativa. Además se expone la evidencia científica que respalda este tipo de práctica, ¿qué subrayarías en este sentido?

Los vestigios del yoga se remontan a 3000 años atrás, esto explico en el libro, mucho antes de que la ciencia tal como conocemos hoy se hubiera desarrollado. Es decir, el yoga ya empleaba unas técnicas que tenían unos efectos fisiológicos para favorecer la salud, lo interesante es que la ciencia actualmente permite comprobar, medir y explicar estos efectos. Me parece interesante señalar este punto porque, como antropóloga que soy, considero que es importante observar como tradición y ciencia se dan de la mano, en lugar de contraponerse, ofreciendo un mayor fundamento a los beneficios que aporta el yoga.

Es fantástico que actualmente existan cientos de estudios, muchos de los cuales recojo en el libro, que demuestran cómo el yoga aporta para regular el sistema nervioso, para reducir el dolor, la ansiedad, el estrés, para mejorar la calidad del sueño, etc. Un dato muy importante a relevar es que gran parte de los estudios desarrollados en el ámbito médico en relación con el yoga han sido en el sector de la oncología. Todo este respaldo científico es imprescindible para respaldar la rigurosidad, pertinencia y solvencia del yoga oncológico. 

El yoga oncológico está presente a día de hoy en diversos países y hospitales públicos de España ¿cuál es la fotografía actual? ¿Qué pasos se están dando y cómo se puede apoyar este proyecto?

Que el yoga oncológico haya entrado a la sanidad pública es un gran logro, si bien es una práctica que se ofrece hace más de veinte años en otros países, en España había mucho hermetismo al respecto y queda aún muchísimo por hacer, pero estamos en ello. En 2023 con la Red Internacional de Yoga Oncológico impulsamos un Programa de Yoga Oncológico que actualmente está presente en más de una decena de hospitales y para 2026 ya tenemos acuerdos para entrar en nuevos centros hospitalarios. Este programa ha sido posible gracias al apoyo que recibimos de entidades y de colaboradores particulares que a través de proyectos de financiación y donativos permiten la contratación de profesoras especializadas que garantizan un servicio profesionalizado, seguro y sostenible a largo plazo. En este sentido es indispensable la implicación de todos y todas para dar continuidad a esta iniciativa teniendo en cuenta el esfuerzo que ha supuesto abrir estos espacios.

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